Las personas constantemente tenemos experiencias significativas, ya sea de manera positiva, o también de forma negativa. En medio de todo ese cúmulo de vivencias, se va creando una percepción, es decir, una valoración propia de nosotros mismos. De esta manera, llegamos a amarnos o, contrariamente, rechazamos constantemente aquello que somos realmente. Esta capacidad de aceptación es conocida como autoestima y podemos trabajarla desde la infancia.

En este sentido, desde el inicio de la vida, hasta la madurez total del individuo, es posible identificar momentos específicos donde se generan, desarrollan y consolidan las bases de la autoestima. Existe un determinante en este desarrollo. Se trata del contexto social, es decir, el medio dónde nos hemos desenvuelto desde pequeños. Las amistades en la escuela, la relación con la familia y los primeros enamoramientos son aspectos sumamente cruciales en todo esto.

Así se forma la autoestima en la niñez

Como ya lo hemos comentado, esta es la principal etapa donde empezamos a originarnos una imagen de nosotros mismos. Cuando somos pequeños, nuestra personalidad no está 100 % constituida. Entonces, nuestra capacidad de aprendizaje nos lleva a detectar, primeramente, la identidad, es decir, nuestra sexualidad. Descubrimos, por ende, si somos niños o niñas y contemplamos todo nuestro cuerpo con mucha curiosidad.

No es sino hasta los 5 años (edad cercana al inicio de la escuela) cuando nos empieza a impactar la valoración de los demás hacia nosotros. Los padres, desde sus distintas maneras aprendidas para regañar, apreciar y, sobre todo, amar, van creando en el niño una percepción de sí mismos. Por ejemplo, cuando un niño está aprendiendo a leer y su mamá, en vez de ayudarlo, le hace ver esa meta como algo “imposible”, producirá en él una imagen perdurable relacionada con el fracaso.

En este sentido, es importante el fomento de la confianza en la infancia, para así ayudar a los niños a consolidar la autoestima. La seguridad brindada por los seres queridos, genera una mentalidad de aceptación y muy poco de rechazo hacia lo que somos. Cuando en casa se hacen “halagos” de las habilidades y destrezas de los niños es mucho más fácil para ellos adaptarse a situaciones complejas y afrontar la vida con carácter y buena actitud.

De qué manera fomentar la autoestima en los niños

Siempre cuando se busque fomentar la autoestima en los niños, es necesario animarlos a superarse o, en otras palabras, enseñarles a contemplar todas las cosas posibles por lograr si se lo proponen. Los buenos resultados, así como las recompensas, son elementos positivos para lograr una excelente autoestima en los niños.

Las personas llegamos a valorarnos mucho más cuando nuestros padres nos elogian por el comportamiento destacable y cuando nos corrigen, de forma asertiva y empática, los errores cometidos. Los padres, al educar con amor y respeto, crean en los niños una base lo suficientemente sólida como para manejar las decepciones en la etapa de la adultez.

Rodearse de buenos amigos es importante, en cualquier etapa de la vida, especialmente en la niñez. No se trata de tener una lista alargada de amigos, aunque ciertamente hay niños con capacidades más sociables que les llevan a relacionarse fácilmente con muchas personas. Lo fundamental, ante todo, es promover en todo momento la importancia de la amistad.

 

Resultados de la autoestima en los niños

Así como lo negativo tiene consecuencias, también lo positivo trae buenos resultados. Es decir, los niños con buena autoestima tienen como consecuencia mejor capacidad de afrontar los errores, son más resilientes, independientes, responsables y, sobre todo, son más seguros al momento de relacionarse con los demás.

De esta manera se desarrolla la autoestima en la adolescencia

La adolescencia es esa etapa vital donde priorizamos la búsqueda del yo por encima de otras cosas. Acá inmediatamente queremos romper la dependencia con nuestros padres, es decir, no necesitamos de su ayuda para solucionar los problemas. En ese sentido, en la mayoría de los casos del primer enamoramiento, nos apena la idea de conversarlo con papá y mamá.

Es en esta etapa donde comienzan los problemas más fuertes en relación con la autoestima. El aspecto físico constituye un elemento crucial por el cual muchos adolescentes realizan cambios repentinos en sus comportamientos. Uno de los objetivos más importantes por alcanzar en la adolescencia tiene que ver con la aceptación de determinados entornos sociales.

 

De qué manera se fomenta la autoestima en los adolescentes

Para lograr una buena autoestima en los adolescentes es relevante fomentar experiencias positivas en cuatro dimensiones sumamente fundamentales. La primera se trata de los vínculos con los demás, especialmente con aquellas personas valiosas en la vida del adolescente. Si bien la familia es apreciada, en la adolescencia no hay nada más valioso que los amigos.

La segunda dimensión es el sentirse único, es decir, diferente de los demás. Las personas cuando nos sentimos especiales buscamos llamar la atención a través de actos con los cuales los demás pueden identificarnos. De esta manera también logramos la aprobación, es decir, la aceptación de los demás sobre nuestra manera de comportarnos.

El adolescente debe sentir verdaderamente que es capaz de controlar y manejar su vida. Esto no significa llegar hasta el punto de hacer caso omiso de las decisiones de los padres, quiere decir, por el contrario, que en esta etapa existe la necesidad de ser autosustentables. Cuando los padres no dan protagonismo a sus hijos, entonces le están quitando la oportunidad de tener autoestima.

La última dimensión donde el adolescente alimenta su autoestima es en la búsqueda de modelos o referentes con los cuales identificarse. Puede encontrar fácilmente el ejemplo a seguir en su papá. Pero en caso de ausencia, se fijará en otras personas, aunque no las conozca del todo. El referente es aquel que me enseña a establecer una línea de valores y además me ayuda a alcanzar los objetivos propuestos.

Consideraciones finales

Lo importante, ante todo, es buscar ayuda profesional para comprender mejor nuestra historia y la manera como hemos construido la valoración de nosotros mismos en las distintas etapas de nuestra vida. Si no tenemos una percepción positiva de lo que realmente somos, nos será muy difícil amarnos y, en consecuencia, tenderemos constantemente a llenar el vacío en cosas con poco beneficio para nuestra salud mental.